Michoacán guarda raíces profundas en las culturas purépecha, otomí, matlatzinca y nahua. De todas, la influencia purépecha es la más reconocida, con un legado que se ve en la arquitectura, las artesanías, la comida y las fiestas de la ribera del lago.
En Quiroga y los pueblos vecinos, esa herencia se nota todos los días: en el trabajo de la madera y el barro, en el uso de la lengua y en los oficios organizados por comunidad que dejó la enseñanza de Vasco de Quiroga.
Los artesanos son los principales guardianes de esa tradición. Cada pieza que sale de sus manos carga siglos de conocimiento heredado de padres a hijos.
Conservar esta cultura, coinciden autoridades y comunidades, no es solo cuestión de orgullo: también es una manera de sostener a las familias que viven de la artesanía y del turismo.






