Detrás del espectáculo del Cantoya Fest hay un oficio antiguo y paciente. Los globos de cantoya se elaboran a mano con papel de seda, se arman pieza por pieza y se elevan con el calor del fuego, en una técnica que se ha transmitido por generaciones.
En Michoacán, esta tradición encontró en Pátzcuaro su gran escaparate. Lo que empezó como una costumbre local hoy reúne a globeros de varios países, que llegan a compartir sus diseños y a aprender de los artesanos michoacanos.
Cada globo es distinto: cambian los colores, los tamaños y las figuras. Armar uno grande puede llevar días de trabajo, y verlo surcar el cielo, apenas unos minutos que arrancan aplausos.
Más que un atractivo turístico, el arte de la cantoya es parte del patrimonio vivo de la región, una muestra de cómo una costumbre sencilla puede volverse símbolo de identidad.






